El personaje central destaca por su posición, y por
el intenso rojo de su túnica que contrasta fuertemente con el azul del manto.
Viene de un largo camino, por eso el cuello de su túnica está ligeramente
descolocado, una estola dorada cae sobre su hombro derecho. Está mirando hacia
su derecha, al segundo ángel, vestido con una túnica azul
casi totalmente cubierta por un manto semitransparente. Está como recibiendo al
recién llegado, su postura es de reposo. A la derecha tenemos al tercer ángel, cortado por el bastón que
sostiene con la mano izquierda. La mano derecha casi parece apoyarse en la mesa
como para levantarse. La túnica es azul, como en el caso del personaje de la
izquierda, pero el manto es de un verde igual al del suelo sobre el que se
apoyan los bancos en que están sentados los tres.
El azul de las túnicas representa la divinidad de los tres personajes, iguales y distintos a la vez. Es el Dios oculto que parece trasparentarse en el manto del Padre, el Dios que muestra el misterio de su amor hasta la muerte en el rojo del Hijo y el Dios que da vida a toda la creación en el verde que el Espíritu Santo comparte con el suelo.
El azul de las túnicas representa la divinidad de los tres personajes, iguales y distintos a la vez. Es el Dios oculto que parece trasparentarse en el manto del Padre, el Dios que muestra el misterio de su amor hasta la muerte en el rojo del Hijo y el Dios que da vida a toda la creación en el verde que el Espíritu Santo comparte con el suelo.
En la parte superior vemos una casa, un
árbol y una montaña. Son signos de las grandes realidades religiosas del
Antiguo y del Nuevo Testamento. La casa es
el lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo (el Templo en el Antiguo
Testamento y Jesús en el Nuevo), el árbol es
el lugar de la prueba (la que vence al hombre en el arbol del bien y del mal
del que come Adán y en la que el hombre sale vencedor en el árbol de la cruz) la montaña, es el lugar de la ley (la que dio
Moisés en el Sinaí y la nueva ley de Jesús en el sermón del monte).
En el evangelio Jesús nos
revela el misterio más grande que existe, es un dogma de fe, es decir, una
verdad que debemos creer, si nos llamamos cristianos. Cada vez que rezamos el
Credo, decimos creer en un solo y único Dios, que es Padre Creador, que es Hijo
Redentor y que es Espíritu Santo,
Señor y Dador de Vida y Santificador.
El misterio de la Santísima Trinidad, es uno de los "misterios escondidos en Dios, -que como dice el Concilio Vaticano II-, si no son revelados, no pueden ser conocidos" Y, aun después de la Revelación, es el misterio más profundo de la fe, que el entendimiento por sí solo no puede comprender ni penetrar.
En cambio, el mismo entendimiento, iluminado por la fe, puede en cierto modo, aferrar y explicar el significado del dogma, para acercar al hombre al misterio de la vida íntima del Dios Uno y Trino.
Toda la Sagrada Escritura revela esta verdad: "Dios es Amor en la vida interior de una única Divinidad, como una inefable comunión de personas". Son Tres Personas distintas en un sólo Dios, como aprendimos en el catecismo.
El misterio de la Santísima Trinidad, es uno de los "misterios escondidos en Dios, -que como dice el Concilio Vaticano II-, si no son revelados, no pueden ser conocidos" Y, aun después de la Revelación, es el misterio más profundo de la fe, que el entendimiento por sí solo no puede comprender ni penetrar.
En cambio, el mismo entendimiento, iluminado por la fe, puede en cierto modo, aferrar y explicar el significado del dogma, para acercar al hombre al misterio de la vida íntima del Dios Uno y Trino.
Toda la Sagrada Escritura revela esta verdad: "Dios es Amor en la vida interior de una única Divinidad, como una inefable comunión de personas". Son Tres Personas distintas en un sólo Dios, como aprendimos en el catecismo.
El misterio de la
Santísima Trinidad es la revelación más grande hecha por Jesucristo. Los judíos
adoran la unicidad de Dios y desconocen la pluralidad de personas en la
unicidad de la sustancia. Los demás pueblos adoran la multiplicidad de los
dioses. El cristianismo es la única religión que ha descubierto, en la revelación
de Jesús, que Dios es uno en tres personas. Ante esta revelación divina de su
íntima esencia, no nos queda otra cosa que agradecerle esta confianza y adorar
a las Tres Personas Divinas.


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